LAS CREENCIAS TRADICIONALES DE LOS WABUDU

Extracto de "Histoire de la Paroisse de Legu" - Autor y traductor: Julián Azcona

CD - MELODIAS Y RITMOS DE LOS BABUDU

A su llegada a la región del Nepoko, los misioneros tuvieron que hacer frente a la inclinación de los Wabudu por sus ritos tradicionales, muy impregnados de magia y a veces de intemperancia, como Embaa, Kpou, Bele, y a sus "sacerdotes" los Bakumu; también a la magia negra, Mudji, es decir, a la brujería y a los brujos con sus oponente los hechiceros. Veamos con detalle.

Los ritos tradicionales.

Los dos ritos principales son Embaa y Kpou. Ambos coinciden en cuanto a los rituales, a las ofrendas y a los objetivos. Difieren en lo que concierne a las acciones y a las violaciones que caen bajo el peso de sus leyes, y en cuanto a los clanes que les son propios. El hombre aspira a vivir en un universo en el que reinen la vida, la paz y el orden, no solo entre los humanos vivos sino también con la naturaleza y con los ancestros. Para conseguirlo es necesario respetar ciertas leyes, contrarrestar las fuerzas negativas. El orden puede ser violado, la vida y la felicidad pueden debilitarse, se puede ofender a los ancestros.... Para restablecer el orden turbado, para recuperar la vitalidad y la felicidad, para atraerse la benevolencia y las bendiciones de los ancestros los Wabudu disponen de Embaa y de Kpou.

Embaa y Kpou se llamaban "Idu yo bomba" en Kibudu, "Dawa ya pawazi" en Kiswahili, es decir "magia a las claras, o curación en público". Se trataba de la "magia blanca" o magia buena en provecho de la comunidad o de los individuos. Embaa y Kpou eren potencias "sobrenaturales" y benéficas instaladas en medio del poblado y a la disposición de sus adeptos. No eran divinidades personales. Se trataba de una oración pública y comunitaria, con presentación de ofrendas, por la cual se obtenía la intervención sobrenatural de los espíritus de los ancestros. Cuando los adeptos de estos ritos se reunían, era normalmente por uno de estos dos motivos: O bien para perdonar y sanar (propiciatorio), o bien para implorar la superabundancia de la gracia (impetratorio).

  1. Perdonar y sanar: "Mozaba".

  2. Cuando un habitante del poblado caía bajo la fuerza de una de las leyes de Embaa o de Kpou, como violar un tabú. Comer carne prohibida etc., debía someterse al ritual correspondiente. La ceremonia, llamada Mozaba (es decir: perdonar y sanar, o liberar a alguien del mal), era presidida por los "sacerdotes" llamados "Bakumu B’Embaa" o "Bakumu Bokpoo". En un cobertizo de paja, especie de capilla, en torno al fuego, el interesado presentaba una ofrenda (por ejemplo una gallina o unas espigas de maíz); los Bakumu quemaban las plumas o las hojas de los productos ofrecidos; con la ceniza frotaban el pecho del interesado diciendo al mismo tiempo:

    • Este ha obrado mal contra Mbaa (o contra Kpou) pero viene a confesar su culpa ante nosotros.

    • Después de haber obrado mal ha sufrido esta desgracia (enfermedad, inseguridad).

    • Ha ofrecido tal cosa para pedir perdón y salud.

    • Nosotros declaramos. Él ha sido perdonado. Respuesta: Hoo! (si)

    Que sea curado. Respuesta: Hoo! (si)

    Que la salud vuelva con su mujer: Respuesta: Hoo! (si)

    Y con sus hijos: Respuesta: Hoo! (si)

    1. Implorar la superabundancia de la gracia: "Mbuisso"

      Los "sacerdotes" Bakumu B’Embaa" y/o "Bakumu Bokpoo se reunían en celebración habitualmente una vez al mes para asegurar la buena suerte a la comunidad. Concretamente para

      Implorar trabajo para la gente.

      Implorar abundancia de mujeres (si se trataba de muchachos).

      Implorar de ser casadas (si se trataba de muchachas).

      Pedir la fecundidad (para las mujeres y las muchachas).

      Orar para que alguien no sea despedido del trabajo incluso después de una falta grave.

      Implorar la mansedumbre para las autoridades airadas.

      Orar para olvidar, si se ha sido objeto de penosas decisiones o traslados realizados por el Estado.

      Implorar la victoria durante la guerra.

      Orar por una caza y una pesca eficaces y abundantes.

      Orar por el fracaso de los enemigos.

    Esta ceremonia llamada Mbuiso (es decir petición de la gracia) seguía el mismo ritual que el de Mozaba y se realizaba a favor de todos los habitantes del poblado. Pero muy a menudo había casos particulares. Entonces el interesado debía presentar una ofrenda en sacrificio para que su oración fuese escuchada. Durante la ceremonia los Bakumu danzaban alrededor del fuego ritual y escupían muchas veces al aire o sobre el pecho del interesado en señal de bendición.

    Las ofrendas habituales consistían en pájaros, animales o fruto de las cosechas, sobre todo las primicias. Un caso muy particular consistía en la ofrenda de personas, normalmente muchachos jóvenes para hacerse Bakumu a asegurar así la continuidad. A la muerte de un "Kumo Embaa" o "Kumu Kpou" cada poblado presentaba uno o dos muchachos escogidos por los Bakumu mas ancianos. Se escogía al sustituto entre ellos o bien entre los hijos del difunto o un mienbro próximo de la familia. Debía ser un muchacho prudente (sabio), aprobado y amado por los Bakumu más ancianos. El muchacho escogido era presentado en ofrenda y por este rito entraba a formar parte del grupo de los Bakumu.

    Las leyes se resumían en respetar todo lo concerniente al Embaa o al Kpou.

    Había un tercer rito llamado Bele. Bele era también un poder sobrenatural, impersonal, pero ambivalente, benéfico y maléfico, del que podían disponer los miembros del "clan de Bele"; una especie de religión clánica como las dos precedentes. Los "sacerdotes" de este rito se llamaban Bakumu Bubele o Gbabele. El primer y gran Kumu-Bele poseía y conservaba los objetos-símbolo de este poder: Una gran marmita de barro, una escobilla-cetro, una varita y un cayado. Al lado de su caso se construía un gran cobertizo para acoger a los miembros del clan con ocasión de las reuniones, pero las ceremonias tenían lugar normalmente al aire libre.

    Existían celebraciones públicas, comunitarias, y celebraciones privadas. Entre las primeras se contaba:

    La consagración de niños (ver más abajo).

    Petición de fecundidad para las mujeres o "escupir a la mujer". Se masticaba nuez de kola y se la escupían sobre la mujer. El niño nacido a raíz de esta ceremonia se llamaría Mabese (es decir: Nuez de kola).

    Pedir una buena y abundante cosecha.

    Rito de matrimonio. Reconocimiento público y bendición del matrimonio.

    Maldiciones para quién intente llevarse esta mujer.

    Entre las celebraciones privadas se contaba:

    Rito de purificación en el momento de la pubertad. Se lavaba a la muchacha para hacerla atractiva.

    Rito para conseguir un marido concreto. En este caso estaban presentes la muchacha, el padre u otro miembro de la familia y el Kumu. Se preparaban viandas especiales y durante la comida el Kumu realizaba encantamientos y pronunciaba a menudo el nombre del pretendido.

    Rito de consagración de niños. Por la ley de Bele, todo primer nacido, niño o niña, debía ser consagrado obligatoriamente a Bele. Pero se podían consagrar también otros niños voluntariamente. Para la ceremonia, se encendía al exterior una hoguera; se arrojaba en ella hojas, pieles de animales y cortezas de plantas especialmente escogidas para el rito; una densa humareda salía de la hoguera; entonces se pasaba varias veces al niño sobre el fuego, en el humo. El niño quedaba así consagrado al Bele. Su porvenir no era nada placentero; mas que una bendición, se trataba de una maldición: por ese mero hecho devenía estéril. Incluso si se casaba, no podría jamás tener hijos, y terminaría sus días leproso. Lo mismo si se trataba de una niña.

    Debía haber un fuego encendido constantemente, alimentado por leña especial. Una pareja, hombre y mujer, completamente desnudos (podían vestirse exclusivamente con una piel de civeta en bandolera), estaba encargada de mantener el fuego.

    Los adeptos de Bele se entregaban a veces a la práctica de orgías rituales sádicas e intemperantes. Sobre esto reina el más riguroso secreto. Las ceremonias tenían lugar durante la noche en la selva. Allí los Bakumu maltrataban a sus víctimas. Según cuentan, no se respetaba ni mujer ni bien ajenos. En torno a una hoguera, se sentaban hombres y mujeres desnudos y se les obligaba a acoplarse sin que ellos mismos se dieran cuenta de nada. A menudo se introducía guindilla (o algo parecido) en la vagina de la mujer. A los hombres se le machacaba el pene con un martillo contra una piedra. Se podía llegar incluso al asesinato. Los familiares de las víctimas no podían ir a ver lo que había sucedido. Si se sospechaba que alguien había revelado un secreto, era matado, destrozándole el cuello con un tronco. Abandonaban sin enterrar a sus víctimas. En otras ocasiones se reunían durante la noche en el domicilio de alguien para celebrar allí sus ritos mágicos, sin que el inquilino se enterara de nada. En primer lugar el inquilino era neutralizado por el poder de Bele y a continuación sus adeptos podían actuar en total clandestinidad. Solamente por la mañana aparecían las trazas de su presencia nocturna.

    La brujería: Mudji.

    La brujería -Mudji- es la explicación que los Wabudu dan a la existencia, no del "Mal" y del "Pecado" en abstracto, sino de las desgracias concretas: accidentes, enfermedad, muerte ¿Por qué nos alcanzan las desgracias, los accidentes, las enfermedades, la muerte?. La causa es la brujería; y más concretamente, son los brujos ("bamomodu", "wazoli"). Así pues, la brujería es un poder mágico (¿real o imaginario?) que tienen ciertas personas, para causar desgracias a los demás. Como en los casos precedentes, se trata de un poder "sobrenatural", éste exclusivamente maléfico, del que pueden disponer los brujos. El poseedor de este poder puede ser consciente o inconsciente y, por consiguiente, lo puede ejercer voluntaria o involuntariamente. No existe ningún clan que se reclame de Mudji pero según la creencia general tiene ciertamente sus "sacerdotes", Bamomudu, que se reúnen en aquelarre para lanzar sortilegios, "comer" cadáveres o almas y realizar otras fechorías. Según la creencia popular, los brujos, Bamomudu, tienen el poder de desplazarse durante la noche cabeza abajo, transportar personas durante el sueño sin que se den cuenta, arrojar llamas por la boca o por el ano etc.

    Hay varias expresiones que traducen el hecho de haber sido afectado por la brujería: "Ser envenenado", "ser comido", o mejor en activa: "walimloga" (ellos le han envenenado o embrujado); "walimkula" (ellos se lo han comido); "walimkula roho" (ellos le han comido el espíritu); "walimtendea" (ellos le han trabajado)... ¿Alguien se pierde en la selva y muere?, "ellos le han envenenado". ¿Alguien padece una larga enfermedad?, "ellos le han trabajado", o bien "se trata de una enfermedad de los orígenes" (ugonjwa ya asili). ¿Alguno se ahoga o se cae de la palmera?, "ellos le han embrujado". ¿Alguien muere?, "ellos le comieron el espíritu". Evidentemente "ellos" son siempre los brujos.

    Cuando una desgracia se abate sobre el poblado hay que investigar quién es el causante , es decir, quién es el brujo. Para ello hay que recurrir al hechicero (mfumu). Este puede utilizar la prueba del veneno o simplemente su capacidad de "vidente" para designar al culpable. En el primer caso puede emplear una bebida que todo el mundo debe beber, o un alimento que todos deben comer. La bebida o el alimento han sido previamente envenenados con un producto no mortal, o bien tal vez se trate simplemente del efecto de autosugestión. El culpable empezará a tener trastornos nerviosos, a agitarse y caer al suelo. En el segundo caso, el hechicero puede recurrir a métodos tan antiguos como mirar en un espejo, frotar un palito entre las manos, o mirar en una botella llena de agua hasta la mitad, con unos trocitos de madera dentro: El hechicero agita la botella con su contenido y según los movimientos de los trocitos de madera en el agua, identifica al culpable. La suerte cae a menudo en un individuo socialmente débil y marginal, hombre o mujer: un viejo, alguien que no tiene familia, una mujer estéril, un huérfano, un tarado físico; alguien ya marcado por la naturaleza y malquerido. Entonces tal individuo es expulsado del poblado y será marcado y marginalizado todavía más por el resto de su vida, a dondequiera que vaya. Para un anciano esto representa casi la pena de muerte. El hechicero puede también señalar a alguien por envidia o para vengarse.

    A este estado de cosas y de espíritus tuvieron que enfrentarse los misioneros en el territorio del Nepoko. La impregnación de sus habitantes por el Cristianismo necesariamente ha sido lenta y a menudo puramente superficial: una capa de barniz cristiano. Si arañáis un poco el barniz... encontraréis de nuevo al pagano.

    Wamba, 24 de abril de 2003

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